Oralidad y escritura

Las relaciones entre oralidad y escritura en la Edad Media

Hubo una época en que los libros no eran el centro de la cultura, sino la lengua hablada.

Hoy en día el término ‘literatura’ está vinculado a libros, lengua escrita; es más, este término proviene del latín littera, ae, ‘letra’.

Nosotros hemos asumido una cultura y literatura tipográfica, libresca. Pasamos convenciones de la escritura a la lengua hablada, por ejemplo cuando decimos “entre comillas”, e incluso hacemos el gesto con nuestros dedos simulándolas.

En occidente la cultura estuvo vinculada a la voz. El uso del término ‘cultura’ tiene un sentido muy amplio. Aunque una persona sea analfabeta, es decir, que no sepa leer y escribir, no quiere decir que no sea culta, porque puede saber recitar refranes, canciones o romances.

Diversos tipos de oralidad según Paul Zumthor:

  1. Oralidad primaria: propia de civilizaciones que desconocen la escritura.
  2. Oralidad mixta: hay contacto y coexistencia entre escritura y oralidad, pero la influencia de lo escrito es débil, parcial y poco asimilada (posiblemente fuera así la cultura de la Edad Media).
  3. Oralidad segunda: es aquella que existe en una cultura básicamente tipográfica. Existe una presencia oral pero están “podridos” de libros y literatura (como dice Borges).

Durante siglos, occidente ha estado vinculado a la voz. Si retrocedemos en el tiempo, en la antigüedad clásica, era típica la recitación pública, de manera que los manuscritos servían de apoyo para los que leían en voz alta para un público. En la cultura greco-romana usaban el método de la scriptura continua, es decir, no hay separaciones entre palabras ni signos de puntuación; es una sucesión ininterrumpida de letras (parece ser que las separaciones entre palabras y signos de puntuación fue un acto tardío, surgió en Irlanda hacia los siglos VII – VIII creación de unos monjes que lo hicieron para facilitar la lectura de textos).

En este caso parece ser que la escritura es el espejo de la lengua oral, por eso no se separaban los términos.

La scriptura continua nos indica la lectura en voz alta y compartida, indica el peso de la voz en la época.

Scriptura continua: “transcripción que sólo se convertía en mensaje inteligible cuando era ejecutada oralmente, para nosotros o para sí mismo” (S. Pérez Cortés, “Separación entre palabras”).

En la Edad Media existe la cultura del libro, que tiene su epicentro en las escuelas catedralicias, monasterios y a partir del siglo XII en Universidades. La lengua predominante es el latín.

Pero existe otro universo potentísimo que gira entorno a la voz con otros epicentros: la plaza del pueblo, iglesias…llenas de juglares, monjes, monaguillos, viejecitas…

Son dos universos que coexisten; pero el universo oral es efímero y lo escrito queda. Por eso es muy difícil reconstruir ese mundo oral.

Hay un contacto muy fructífero entre ambas esferas; se ve claro en el Mester de Clerecía, traducen libros del latín pero con recursos orales para atrapar al público.


La manera de leer

Los pocos que saben leer en la época, no leen como nosotros (en silencio), en la Edad Media la práctica de la lectura es en voz baja con una especie de murmullo semiaudible.

Leen como “animales rumiantes” (<RUMINATIO) parece que mastican y es cierto, mastican las palabras para sacarles el jugo.

Tan rara era la lectura en silencio, que incluso nos han quedado testimonios de ello. San Ambrosio practicaba la lectura en silencio y generaba estupefacción y admiración a los otros (según cuenta San Agustín).

Otro testimonio es de 1570, los indígenas del Nuevo Mundo consideraban una característica de los conquistadores sostener un objeto entre las manos y murmurar y hablar solos.

Pero las cosas han cambiado:

Libro à ojo que lee, mano que sostiene.

Voz à participación de todo el cuerpo (gesto, respiración, tono de voz, volumen, timbre, tesitura…).

Esta diferencia de prácticas lectoras tiene una serie de consecuencias, la primera es que leer en ese murmullo implica un mayor esfuerzo físico, tenemos que coordinar respiración y voz, se mueven los músculos de la cara…

Este cambio paulatino de las prácticas lectoras se observa también en los términos:

LEGERE à se emplea como sinónimo de DICERE.

Para sugerir la lectura silenciosa necesitan precisar:

  • Legere in silentio
  • Legere sibi
  • Tacite legere

Nosotros le hemos dado la vuelta a los términos.

LEER, tres definiciones:

–       Covarrubias (1611): “pronunciar con palabra lo que por letras está escrito”.

–       Autoridades (1732): “pronunciar lo que está escrito o repasarlo con los ojos”.

–       Larousse (1975): “recorrer con la vista lo escrito o impreso”.

La segunda consecuencia es la lentitud.

Los libros eran caros, por eso lo habitual era compartir los ratos de lectura. Por un lado está la persona que domina la técnica de la lectura y por otro, el auditorio. Posiblemente era una práctica habitual entre la nobleza.

Algunos nobles de manera habitual hacían que les leyeran los textos en voz alta, pero no porque no supieran leer, sino por que ese texto escuchado por otro pasa a tener vida, a tener más calidez. No es lo mismo la voz que la letra.

Estas lecturas amenizaban las comidas y noches de insomnio.

Un factor crucial es el valor y coste del libro en la Edad Media, durante casi toda la Edad Media, el libro fue un objeto caro. Así que durante un tiempo los libros sirvieron para engrosar la fortuna de algunos nobles.

Antes de mediados del siglo XV, los libros se copiaban a  mano. Tenían un gran esfuerzo económico: por el soporte (el pergamino que se hacía con la piel de un animal) es un proceso muy laborioso, por ejemplo de trescientas ovejas se obtenía una Biblia. Además de la tinta, plumillas, oro para las ilustraciones…

Y además un esfuerzo humano del copista anónimo que transcribe durantes horas. Hay una tensión física y mental. Algunos monasterios imponían penas físicas para los monjes algo despistados.

Todo esto cambia en el siglo XII, surgen las primeras Universidades, surge ese clérigo más intelectual será un contexto más urbano. Y el libro ya no será un objeto de culto, sino un instrumento de uso. Se reducirá de tamaño, proliferan las abreviaturas, desaparece la ornamentación y se practica el palimpsesto, se borraban escritos anteriores.

Distinción de Zumthor de la obra poética medieval (según él se tendrían que unir los dos factores):

  • Superficie lingüística: el texto propiamente dicho, las palabras y frases que lo constituyen, la “corteza” verbal.
  • Forma: factores que entran en juego en el momento de la performance (cuando el texto es oralizado y escenificado): voz, gesto, tono, ritmo, vestimenta…

Según Zumthor: “Nuestros textos no nos proporcionan sino una forma vacía y sin duda profundamente alterada de lo que fue, en otro contexto sensomotor, palabra plena”.

Recursos orales

Existen una serie de recursos mnemotécnicos para que los ejercitaban esta literatura oral, tuvieran más facilidad a la hora de recordar la historia:

  1. Dominio de la parataxis (“estilo oral aditivo”): la parataxis se trata de una sintaxis sencilla con oraciones coordinadas y yuxtapuestas, no subordinadas. Un ejemplo sería el arranque del Génesis de la Biblia, tiene una sintaxis sencilla, con una tendencia a lo aditivo.
  2. Repetición, redundancia: un claro ejemplo de ello es la épica, donde se emplean fórmulas épicas. (La fórmula es un grupo de palabras empleadas regularmente en las mismas condiciones métricas, para expresar una misma idea). Especialmente, el epíteto épico, un ejemplo sería el Cantar de Mio Cid: “Mio Cid Campeador”, “Mio Cid barba florida”, “el que en buen hora nació”, “Valencia la mayor”…

Otro ejemplo serían los cuentos de tradición folklórica.

Estas fórmulas ya entraron en la épica homérica: “Aquiles el de los pies ligeros”.

A veces la repetición se incrementa para dar dramatismo, promover la  participación del otro (como en las misas), etc.

3. Ritmo, musicalidad: Jugar con la materia fónica, distribuir los ecos, la rima, etc. Este ritmo de palabras se subraya con un ritmo corporal como unas palmadas o movimiento con el cuerpo.

Según Zumthor: “En las profundidades antropológicas existe un vínculo vivo entre formas rítmicas y formas memorísticas”.

4.  Antítesis: facilita la memoria tanto para el que gesta el discurso como  para el que lo escucha. Un ejemplo sería el Cantar de Mio Cid, ya que tiene una estructura bimembre, la obra se compone de dos partes y cada una de ellas contiene partes que se alternan según el honor y deshonor, primero el “Destierro” (deshonor), “Valencia” (honor), “Afrenta de Corpes” (deshonor) y las “Bodas finales” (honor). Lo mismo ocurre con los personajes se contraponen: Cid versus Los Infantes de Carrión.

 

La aplicación de estos recursos es crucial para unas sociedades que invierten mucha energía en conservar. Esto también explica la veneración de la figura del anciano, porque son los que tienen en su cabeza toda la memoria.

Hesíodo y Homero invocan a las musas al principio de sus obras, y las musas son las hijas de Zeus y Mnemosine (la Memoria), es algo significativo.

En occidente, la transición de la oralidad a la escritura fue algo muy paulatino.  Un ejemplo de ello sería la tipografía.

Las obras de la época no estaban fijadas, podía haber unas doscientas versiones del Romancero, a diferencia de nosotros que ponemos una obra por escrito y queda fijada.

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