Los villancicos

No se sabe cuando nacen, nos movemos nuevamente entre hipótesis.
En todos los pueblos des de siempre se han contado cuentos, cantado, folklore… todo ello vinculado con ámbitos de la caza, rituales, danzas…
Pero estas canciones no se empiezan a documentar hasta después de unos siglos, en el siglo XV tenemos las primeras muestras documentadas (muy tardío).
Se finaliza esa compilación en el siglo XVI; pero hay una excepción, existe un documento anterior al siglo XV, dentro de una crónica escrita en latín, Chronicon mundi de Lucas de Tuy “el Tudense” (1236) que incluye una cancioncilla castellana que era con la que celebraban la derrota de Almanzor (1002). Es un testimonio para ir un poco más allá de la hipótesis. Pero después, hasta mitad del siglo XV no se ha encontrado prácticamente nada más.
En la mitad del siglo XV hay una serie de poetas cultos vinculados con la Corte que están cada vez más interesados en las producciones del pueblo, será cuando empiecen a transcribir esas poesías y las incluyen en sus cancioneros como curiosidad.
El primer cancionero en el que aparecen es El Cancionero de Herberay des Essarts (1461-1464) y vienen como “villancico” relacionado al pueblo.
Luego habrá muchos más cancioneros como El Cancionero de Stúñiga (1460-1463) o El Cancionero musical de Palacio de la época de los Reyes Católicos donde también incluirán estos villancicos.
Es una paradoja, y que se puede acceder a estas cancioncillas populares gracias a esos poetas cultos con gusto popular.
Pero hay más vías de conservación, como el teatro que incluye estos villancicos:
Juan del Encina y Lucas Fernández son los iniciadores de esta moda, de hecho sus églogas suelen terminar con los personajes cantando todos a la vez estos villancicos.
Gil Vicente llevará esto a la máxima expresión artística y Lope de Vega llegará a construir piezas teatrales a partir de estas cancioncillas.
También el trabajo de los que recopilan refranes como Gonzalo Correas con Vocabulario de refranes y frases proverbiales o los lexicógrafos como Sebastián de Covarrubias con Tesoro de la Lengua Española que para ilustrar una palabra incorpora una canción tradicional en ocasiones; son otro testimonio de estos villancicos.
Tanto éxito tuvo que no sólo los recopilarán sino que también los imitarán. Incluso los volverán a lo divino: tomar como punto de partida un texto profano y convertirlo a lo cristiano. Cuando la vuelta a lo divino está bien hecha, nos deja adivinar el hipo texto y mantiene incluso la rima.
Pero esto también es un problema porque los poetas cultos que los transcribían podían intervenir y manipular estas cancioncillas y no se sabe hasta qué punto. Muchas de ellas son imitadas y las harán de la Corte; así que no se sabe si son el original (popular) o híbrido (popular + cortesano).
Como en las jarchas, los villancicos se ponen en boca de una muchacha, aunque hay unos cuantos que se ponen en voz masculina o en voz no marcada.
Hay voces de mujer, una gran gama de personajes femeninos: la muchacha que no quiere ser monja, la malcasada, la doncella, la viuda…
Hay voces minoritarias masculinas como la del pastor, el guerrero…
Hay unos 2500 poemitas, tienen más matices que las jarchas por haber un gran corpus.
Hay diferentes tipos de villancicos:
• Villancicos burlescos: construidos a partir de los estereotipos de la sátira: viejas que se comportan como niñas, viudas, hombres con cuernos, clérigos lujuriosos…
• Villancicos vinculados al trabajo: de los vendedores, de la agricultura…
• Villancicos de carácter erótico: con eufemismos, palabras con doble sentido como la fruta, metáforas como clavar agujas o de labores del campo como segar…
• Villancicos de amor: son los más frecuentes y se pueden distinguir tres tipos:
1. Unos que giran alrededor de la mujer: la mujeres la que habla y es el centro del villancico; pero su perfil es borroso, no hay descripciones físicas y hay adjetivos pero son muy genéricos como bonita o hermosa. Uno de los adjetivos más frecuentes y prácticamente exclusivo de estas cancioncillas es “garrida” que quiere decir “bien plantada”. Muchos de ellos están protagonizados por muchachas de piel morena, resultado de trabajar en el campo pero hablan de un pasado blanco; y es que ese blanco se vincula a la pureza y virginidad y el negro a la mujer activa, es decir no pura.
Pero hay un rasgo físico de la mujer que siempre aparece: el cabello. Se destaca su longitud y su cuidado (del color se dice bien poco, pero suele ser negro ya que son de campesinas y españolas). Es un cabello largo y suelto que está vinculado a la virginidad. En cambio, las casadas, viudas o monjas lo llevan recogido, con tocados o velos.
La protagonista de nuestro villancico es la “niña en cabello” como decían en la época.
La cabellera es un elemento vinculado a la mujer y a su erotismo, por eso se entiende la dedicación del cuidado del cabello en esos tiempos y peinarse ante la mirada de alguien implicaba una promesa amorosa.
Frente a estas muchachas, nos encontramos a las monjas, casadas y viudas que esconden su cabello tras una toca. A las brujas se les rapaba la cabeza.
Otras muestras de la importancia del cabello son las plañideras que se tiraban del pelo y se arañaban la cara en señal de duelo.
2. Recrean el encuentro amoroso: hay espacios y momentos idóneos como ir de romería, de peregrinación, tanto era que a las monjas se les prohíbe ir. O bien el jardín o el huerto, es un espacio asociado a la virginidad porque es un espacio cerrado con difícil acceso desde fuera. Es un lugar donde crecen flores rojas como la rosa o la amapola (el rojo está relacionado con el “deseo de la pareja), crecen árboles frutales como el naranjo (perfume fuerte y embriagador que recrea una atmósfera de sensualidad) o el limonero (el limón se relaciona con el pecho de la mujer).
Y también destacan todas las actividades relacionadas con el agua, ya que es el momento propicio para el encuentro amoroso: ir al río a pasear, a lavar ropa o ir a los baños de amor (de la noche de San Juan).
Hay una gran omnipresencia del agua en el encuentro amoroso, ya que ir a por agua es el momento de la muchacha para escapar de toda vigilancia.
En el nivel simbólico, en Occidente, el agua se vincula con el principio femenino fertilizador y regenerador. Las aguas siempre están pobladas de mujeres: lavaderas, ninfas, sirenas…
El agua puede estar fría o fresca porque es más apetecible y sabrosa o turbia (está llena de vida).
Símbolos relacionados:
– Cántaro: contiene el agua. Cuando se rompe el agua fluye (fertilidad).
– Mar: Es una gran extensión de agua que se relaciona con la mujer.
– Ciervo: se relaciona con el hombre y a la fertilidad masculina.

3. Cantan las penas de amor:
– Ausencia del amigo que parte hacia la guerra o a la mar o bien va de pastoreo, y la mujer espera y desespera.
– Tardanza, los hombres siempre llegan tarde al encuentro.
– Separación (el alba): la llegada del amanecer marca el momento de la separación de los amantes (es un tópico universal).
– Insomnio, es la mujer quien lo sufre.
– La “malcasada”: los matrimonios eran una imposición de los padres, era la pérdida de la libertad.
– La “malmonjada”: chicas que no querían ser monjas y las obligaban.

Son poemas en voz femenina y son anticonvencionales, son mujeres que se quejan de sus males.

Un ejemplo de un buen villancico, en el que se puede decir mucho en muy pocas palabras:

“En Ávila, mis ojos,
dentro, en Ávila.

En Ávila del Río
mataron mi amigo;
dentro, en Ávila”.

Gran parte de esta poesía está en el esbozo, en decir sin decir. En la poesía escrita, el poeta juega con los espacios en blanco, en cambio, en la oralidad se juega con los silencios y esto es posible en parte por los símbolos; y estos símbolos son polisémicas, no tienen una solo representación, por ejemplo, el ciervo es representante de la fertilidad masculina y también representa al Santo. Por eso es muy difícil parafrasear un símbolo, podemos acercarnos en el significado pero jamás será el exacto.
Por último, la mayoría de los villancicos vienen acompañados de una glosa (normalmente culta), que es una explicación del villancico más amplia.

Toda escritura es una reescritura en el fondo. Federico García Lorca, Rafael Alberti… se nutrieron de esta lírica tradicional; pero hay un poeta que jamás vincularíamos a esta lírica: Jaime Gil de Biedma (1929-1990), no es un medievalista pero ve en esta época una fuente de inspiración. Una de las maneras de renovarse es recuperando elementos del pasado. Retoma, por ejemplo, el tema de la “malcasada” de la época medieval. Luis Alberto de Cuenca también lo recrea, “La malcasada” en su El sueño de otro (1987) pero lo hace con ironía.
Otra recreación de Gil de Biedma tomando de ejemplo un tema de la lírica medieval es “Albada”, que remite a una albada muy famosa del trovador del siglo XII Giraut de Bornelh, “Reis glorios”. Recrea la separación de los dos amantes porque llega el amanecer, este tópico tiene sentido en el amor cortés ya que la dama está casa con el gilós (marido celoso) y este llega a casa, mientras la mujer está con el amante en su cambra. Los lausengiers son los que meten cizaña y el gaita le echa una mano y avisa a los amantes cuando llega el amanecer para que se separen antes de que llegue el gilós.

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