El romancero

El romance tradicional es un poema de tipo lírico narrativo destinado al canto e incluso al baile, no está destinado a la lectura privada. En ocasiones puede acompañarse de un instrumento musical como el laúd. Leer un romance en vez de escucharlo es una anomalía.

Estos romances se cantan siempre en cualquier momento, por ejemplo para amenizar las tareas domésticas, las faenas del campo, para dormir a los niños, en bodas o bautizos o mientras se lavaba la ropa en el río.

Gracias a unos pioneros que fueron pueblo por pueblo recogiendo estas canciones y romances populares hoy en día tenemos una gran colección de romances.

El nacimiento del romance

El origen del romance sigue siendo un enigma. Los románticos alemanes dicen que son el alma creadora del pueblo. Con el tiempo se fueron agrupando en ciclos temáticos hasta que un día quedaron fundidos en el cantar de gesta. Así que serían muy antiguos ya que precederían a la épica.

Para Manuel Milà i Fontanals sería el proceso inverso, serían los romances los que derivarían del cantar de gesta. Esta teoría fue desarrollada por su alumno Marcelino Menéndez Pelayo. Y fue pulida por Ramón Menéndez Pidal (discípulo del anterior).

Según Menéndez Pidal, desde finales del siglo XVI, el interés por los cantares de gesta empieza a decaer y los juglares e incluso la Corte los excluyen.

En Francia la épica desaparece; pero en Castilla hay ciertos fragmentos que se resisten a desaparecer del todo que la gente seguía recordando, cantando y pidiendo a los juglares; cobrarán vida propia.

Menéndez Pidal ilustra la hipótesis con una imagen plástica: los romances son los restos de un naufragio (el barco sería el cantar de gesta y las tablas sueltas, el romance).

El método comparatista intenta establecer paralelismos en las diferentes épicas de otros países, y ocurrió exactamente lo mismo, de un cantar de gesta derivaron esos fragmentos, los romances.

Pero no quiere decir que todos los romances siguieran este proceso, son sólo los más antiguos. Luego, a imitación se crearon otros posteriormente, con la misma forma pero con distintos personajes que ya no eran épicos.

Y un romance primitivo no es un resumen del cantar de gesta, sino un retal, un fragmento. Pero eso no tiene inicio ni conclusión, porque en la época la historia contada era conocida por todos.

Autoría de los romances

Hay dos teorías:

  • Accidental: es anónimo porque hemos perdido el nombre del autor.
  • No hay autor.

Según Menéndez Pidal es muy posible que la primera versión de un romance haya sido obra de un individuo concreto y ese individuo decidiera cantarlo y ofrecerlo a la comunidad, es como un proceso de “donación” (como actualmente con los chistes). Pero cada vez que se reproduce se añade algo, cada persona que lo canta le va dando forma y perfil. Entonces, ¿es el autor del poema el primero que lo compone o las miles de personas que le han dio dando forma? Son todos los autores.

Por eso dice Menéndez Pidal que esa poesía vive en las variantes.

Lo clarifica llamándolo “autor-legión”, es el pueblo que lo crea sucesivamente, es una creación colectiva.

Así que la autoría se va difuminando hasta que desaparece el nombre del creador, es un triunfo de la literatura tradicional.

Oralidad

Los romances tradicionalmente se confían a la memoria y a la voz. Se canta en las tareas domésticas, cuando recogen la cosecha… Tienen un carácter mágico y ritual. Es un ritmo que se acopla al trabajo o al crecimiento de la semilla. Se canta casi como se reza, ayuda a que gire la vida.

Cómo afecta el carácter oral al género: estas obras orales son inestables, van cambiando porque van junto a la memoria y esta puede fallar o haber olvidos. Pero hay otro factor: la memoria es selectiva, recordamos lo que queremos. Esto explica que haya romances que acaben siendo amorosos (era lo que gustaba en la época).

Y hay otros cambios que son deliberados para adaptarlo a la moralidad o circunstancias de la época.

La memoria conserva y la creación altera, son dos fuerzas en equilibrio.

Los romances a pesar de ser orales, pronto se pusieron por escrito; el primer testimonio de un romance por escrito es fruto de la casualidad, fechado hacia 1421 y se lo debemos al estudiante mallorquín Jaume d’Olesa, un día puso por escrito ese romance quizá mientras estudiaba o por añoranza. Se trata de una pastorela pero al revés.

La situación cambia a mitad del siglo XV con la llegada de la imprenta, ya que se pondrán por escrito de manera sistemática una gran cantidad de romances pero en pliegos sueltos (no en volúmenes), era un soporte ligero, económico y accesible. Y contribuye a la difusión del romance por ser tan barato. De los miles de ejemplares imprimidos se conservan muy pocos. Y la mayoría se conservan en universidades extranjeras porque se los llevaban como recuerdo de España.

En formato “libro” posteriormente también se recopilan, los llamaban “libros de faltecrera” (“libro de bolsillo”).

El primer intento de publicación es el Libro de los cincuenta romances fechado hacia 1520 (sólo se conservan cuatro hojas y la portada).

Otros testimonios conservados son el Cancionero de romances de Martín Nucio (era librero de Amberes que viajó a España y cuando llegó a Amberes empezó a publicar en español y tuvo la idea de publicar este cancionero, no tiene una fecha estipulada, probablemente hacia 1547-1549). Tuvo mucho éxito, tanto que surgió una segunda edición ampliada también por Martín Nucio fechada en 1550 e Amberes. Tiene 32 composiciones más, quitó otras y corrigió erratas.

Estas dos obras fueron las pioneras, a partir de estas se empezaron a publicar más, como: Silva de varios romances de Esteban de Nájera, Zaragoza, 1550 o el Romancero general, Madrid, 1600.

Alguna de las características comunes de estos romances es el inicio brusco sin preliminares, bien porque nos ha llegado inconcluso o bien porque los amputaron (argumentos positivistas que no explican su magia y belleza que a veces superan su versión completa). Pero también hay otra hipótesis sobre la fragmentación de los romances, y es que se dice que puede que no siempre sea fruto del azar, sino que refleja una manera de estar en el mundo. Los personajes suelen estar dominados por la soledad y la tristeza, no solían ser felices; este sentido fracturado de la existencia estaría en consonancia con la estructura fracturada de los romances. Sería un hecho fantástico, un accidente de género acabaría siendo voluntad de estilo.

Otro aspecto, es la “Significación por alusión”: muy común en los romances; requiere de un receptor activo que sea capaz de ir más allá; que sepa leer entrelíneas, lo que se entredice y lo que no se dice.

Expansión territorial del romance

Los romances se encuentran en América latina, Bosnia, Tánger, Constantinopla… ¿Cómo han llegado?

En 1492, los Reyes Católicos promulgan el derecho de expulsión de los judíos residentes en el territorio peninsular.

Algunos de estos judíos se asientan en Ámsterdam, Venecia, Burdeos, Hamburgo… Pero hay otros que se van a Oriente, al Imperio Otomano.

Los que se asientan en Europa pierden sus costumbres; pero los otros la conservarán hasta prácticamente a día de hoy, sin muchas variaciones y con muchos préstamos lingüísticos del país donde residen.

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